Monkeys Place

Monkeys Place
 
Son varios años desde que estuve en esta plaza tomando fotos.
El camino es el mismo, el mismo cansancio o tal vez un poco más.
Los pasos me han traído de vuelta. Es un pequeño cerro ubicado en el sur de la ciudad.
Los mismos árboles frondosos, la misma sombra.

Por lo menos, aquí parece que el tiempo no ha pasado.
Aunque… Los sonidos no son los mismos.

Escucho aves que trinan, algo de viento entre las ramas, pero extraño algo.
En fin, como siempre, con la cámara en ristre, me dispongo a hacer estas fotografías.
Previendo el cansancio, me decidí por un lente compacto, un zoom ligero que me permita hacer algunos detalles y retratos.

Hay varios espacios que llaman mi atención, pero me detengo en un ave negra que con paciencia alimenta a su cría.
De pasos  lentos, suaves va recogiendo algunos frutos pequeños y con delicadeza los acerca a quien le demanda.
Me acerco intentando no hacer ruidos con mis botas, la hojarasca no me permite el silencio, sin embargo logro un par de retratos de sus picos.

Definitivamente estos pasos son los mismos, pero el lugar si ha cambiado.
La luz entre los árboles, las sombras y los sonidos.
La zona boscosa está muy disminuida, los remansos extrañan su húmedo romanticismo.
Solo este fotógrafo se niega a cambiar y dejar de recordar cuando caminábamos por aquí tomados de las manos, disfrutando un rico helado de mamey.

En Tuxtla, el cielo está gris por el humo; en la montaña, los árboles se encuentran afectados; yo me alejo y trato de silbar una melodía que nunca puedo repetir.
Sigo disparando mi vieja cámara fotográfica.
Encuentro algunas formas más para retratar y sigo caminando.
Es algo que también ha cambiado aquí, hace un horrible calor.
Es medio día y bromeo con mi amigo Carlos:
-me podría devorar una sandía completa.
Biólogo de profesión, entiende la ironía de mi comentario. Lleva dos cubetas llenas de frutas frescas.

Entre los arboles distingo un par de ojos que me observan adormilados, es solo un momento de curiosidad y de continua espera bajo el sol.
Vuelvo a preparar mi cámara y empiezo a disparar estas imágenes.
Esto es, retratos de la espera y del sopor, del calor.

Los ojos me miran, esperan.
Mi compañero me explica algunas cosas del lugar; su extensión, el tamaño del travieso grupo y su frutal alimentación.
Manzanas, plátanos y sandias es el menú de hoy.
Carambas. No estoy convidado al banquete de tan aburridos comensales.
Solo tengo que hacer unos retratos más y apagar mi cámara fotográfica, robar un trozo de sandía.
Levanto mi maleta, camino sobre mis pasos y silbo mi tonada al alejarme del silencio de la Plaza de los Monos Aulladores del Zoomat.
 
 
René Araujo.
 

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