La Mañana

​La Mañana

Salgo muy temprano a hacer algunas fotografías armado como siempre con el celular y mi vieja cámara fotográfica.
No ha salido el sol y la cafetera esta tan vacía.
Todavía alcanzo a escuchar algunas sirenas que adelantan mi camino.
El parabrisas húmedo, como mis ojos que recuerdan su silueta, ha dejado de llover.
Una llamada ha trastocado mi sueño una vez más.
Tuxtla se encuentra oscura a esta hora, silente y vacía.
Solo encuentro un par de taxis sobre la avenida en donde me estaciono.
Coloco el celular sobre el cuerpo de mi equipo fotográfico y me dispongo a empezar la transmisión.
Ha empezado la veda electoral.
No ha llegado la mañana.
Siento el olor a quemado todavía. Hablando con mi dispositivo me acerco al edificio, los cristales rotos me muestran algunos muebles amontonados.
Los pocos policías se retiran para no salir en mis fotografías.
En la vieja cámara tengo colocado un angular que trata de enfocar la imagen sobre el concreto.
Voy repitiendo algunos datos de información.
Un superficial recuento de lo sucedido.
Autos dañados, cristales rotos, jóvenes llenos de furia vociferan hacia lo alto y en el asfalto la miseria de la batalla cotidiana.
“Paciencia-prudencia, tolerancia” es el colofón de mi transmisión, el cual trato de repetir en cada una.
El sonido de un mensaje en el celular me interrumpe y saca de concentración, me recuerda que no tengo la habilidad de Kavafis para la sentencia certera, pero sigo tomando estas fotografías.
Son las cinco de la mañana y estoy afuera del edificio del Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana.
Esta madrugada volvió a ser vandalizado por el alarido de la protesta social.
Y solo quedan unas pocas horas.
Unas horas para el proceso electoral, unas horas para recordarte una vez más.
Y reinicia continua el recuento mientras suena el obturador.
Hay candidatos que siguen retenidos, hay quienes han pagado solo dinero por su rescate.
Hay caminos que no conducen a nada y hay carreteras que siguen bloqueadas.
El IEPC marca solo cuatro municipios en los cuales no se instalarán casillas, pero son muchos más los que tendrán problemas.
Me alejo un poco, la noche ha sido nublada por la llovizna de nuevo.
La perspectiva me muestra una novena sur descendente, con postes que dan muy poca luz y repiten su sombra sobre un ocasional vehículo.
La voz de un trabajador repite que esto va a seguir ocurriendo mientras aborda el autobús que lo llevará a las instalaciones de la CFE en Chicoasen.
Un taxista toca la bocina con la esperanza de que este fotógrafo lo aborde hacia un primer servicio.
El vaho sucio de la calle se mezcla con el humo de un cigarrillo.
Yo no me decido a apagar mi vieja cámara fotográfica.
¿Debo de esperar la salida del sol para retratar la madrugada?
Y en este edificio destrozado, las sombras apenas me dejan retratar sus ventanas rotas.
Tal vez no tenga esperanzas de volver a pronunciar tu nombre.

René Araujo

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