Don Oscar y la Santa Muerte

Tuxtla Gutiérrez. Noviembre del 2013. El culto de la Santa Muerte se desarrolla en los barrios populares confundido entre los cotidianos baches y obras del primer cuadro de la ciudad.

 

Es cierto, en la esquina formada por la segunda oriente y segunda sur hay una pequeña tienda que ofrece a quien se detiene a dar una mirada, un sinfín de productos de sanación y cultos populares, destacándose varias calaveras que observan a Tuxtla con sus vacías cuencas oculares.

La calle congestionada confunde la música de banda con los sonidos del cláxon de los colectivos que saturan la avenida.

La gente corre presurosa mientras que el curioso observa pequeñas figuras de Valverde, San Miguel y de la Santa Muerte; figuras que son buscadas por quien busca los favores divinos y las venganzas de los ventajosos.

La simbólica muerte franquea la entrada al recinto que es atendido por un par de personas que platican en voz baja y quienes descansan en sillas de plástico que rechinan con el peso de sus cuerpos, ello acomodan productos mientras comentan lecturas esotéricas.

Casi es imperceptible una cortina formada de tela semitransparente, sucia por el polvo del tiempo. Don Oscar trabaja con ahincó recitando las palabras a quien recibe “la limpia”. Tierra, agua, fuego, aire; repite el maestro y el enfermo a dos voces. La persona que tiene las manos llenas de albahaca continúa con la letanía: con los cuatro elementos encuentra el equilibrio y la paz para que obtengas lo que deseas…

Luego da algunos consejos personales que son producto de la plática entre este curandero y su cliente, palabras derivadas de la observación y de una intuición apoyada en la fe.

Se despiden con un saludo singular y el paciente deposita algunas monedas en una canasta ubicada fuera del recinto interior.

Don Oscar, que es el nombre de este maestro curandero, nos permite platicar con él unos minutos y en amena charla nos habla del altruismo de quienes como él, pertenecen a la Confraternidad Di-Tu, y de quienes han recibido la formación para poder practicar el bien común a través de las prácticas de sanación.

-Nosotros no cobramos por los servicios para la gente, ellos nos aportan lo que desean como agradecimiento.

Ellos viven de la venta de productos de la tienda ubicada en las cercanías de la plaza central.

-Hemos curado un sinfín de personas en estos 30 años, personas importantes, personajes famosos.

No quiere nombrar a los políticos que le han pedido irlos a “curar” y solo acepta decir que hasta un Procurador de Justicia Estatal  le ha solicitado algunas sesiones especiales, que son los artistas famosos los que si llegan a su establecimiento y es la gente de poder la que le pide que él vaya a visitarlos.

-Tengo mucho cuidado con la medicina, no realiza curaciones como tales, pues salubridad regula totalmente estas actividades y no está permitido por las autoridades.

Afirma que su actividad está encausada a los consejos y en la búsqueda de un equilibrio espiritual de quien lo visita.

Aún que es obvio que algo pasa en este lugar.

Estantes llenos de cientos de botellas que contienen esencias y semillas, polvos en pequeñas cajas, pieles de animales y diferentes altares crean una atmosfera mística y espiritual.

Yo realizo algunas fotografías mientras platicamos con Don Oscar y aun que admite que las imágenes solo son conductos de la fe de la gente y que son representaciones de la religión, creencia que está mezclada y en vibrante ebullición con las prácticas mexicanas, antillanas, latinoamericanas y otras universales.

Me enseña con orgullo la nueva biblia de la Santa Muerte y me habla de ella, afirma que la iglesia tradicional trabaja para estudiar esta creencia aun no aceptada, pues que si no es la muerte, sino una manifestación más de la vida. Y si los santos tienen el trabajo de la interlocución con la fuerza divina, como es la costumbre católica de tener santos que “trabajan” con la lluvia (San Isidro) o con la música (Santa Cecilia) Por qué no contar con la muerte, presente en la crucifixión del Hijo de Dios para mediar ante la vida?

Sentado en una cubeta y vestido con humildad me enseña algunas publicaciones y pinturas que me muestran las diferentes manifestaciones de la muerte en la cultura universal, mientras que trato de dirigir la plática hacia la personalidad social de los santos que acompañan a grupos como el de los migrantes, chavos banda o incluso narcotraficantes o uniformados en su cruda cotidianidad.

Se resiste un poco a hablar de esto, pero prefiere decirme que este culto está bien presente en Chiapas, existen santuarios de la Santa Muerte en los cuatro puntos cardinales de Tuxtla. Son puntos de encuentros de creyentes en las afueras de la ciudad. También trabaja en la organización de la construcción de un templo solo con donaciones los fieles.

Durante la plática, entran y salen clientes de la tienda que distraen la atención de este maestro de esta práctica y de este credo misterioso; los atiende con voz baja mientras que aprovecho para realizar algunas fotografías más del lugar.

Descubro algunas muñecas de trapo, a quien algún artesano ha construido rostros con pequeñas conchas y que rivalizan en ingenio con algunos envoltorios negros que portan algunas figuras religiosas pegadas a la tela negra que esconde alguna protección.

Algunas velas cuelgan del techo y un sinfín de productos se esconden en un aparente desorden provinciano.

Regresa don Oscar e inicia la rameada que le ha sugerido a mi compañero periodista, salgo de la habitación para permitirles hablar con intimidad y solo acierto a disparar algunas fotos detrás de la cortina.

Esto me permitirá lograr una imagen que me refleje lo que sucede en esta habitación.

Reflexiono sobre lo que sucede, es una situación no prevista pues venimos a entrevistar al personaje y este ha terminado aconsejando sobre la vida sentimental de mi compañero y aún más a sentenciado que su vida será de una constante búsqueda para encontrar un equilibro económico que el reportero debe de fomentar.

Ellos terminan y yo hago unas fotografías más, nos despedimos con un saludo formado por el contacto de los puños y que termina en un apretón de manos.

Tenemos la promesa de que iremos dentro de poco a conocer los santuarios y en unos días al recorrido que la imagen de la Santa Muerte realiza por las calles del mercado.

Pero mientras tanto, Tuxtla se llena de calor y de sed, observa su cotidianidad llena de baches y fugas de agua, al par que en una  pequeña tienda del centro de la ciudad, en la penumbra,  unos ojos vacios, llenos de muerte observan la calle mientras que la vía se llena de vehículos que suenan sus bocinas y la gente se apresura en esta ciudad.

 

 

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